Se dice que si miras al cielo puedes ver otros universos, mundos ajenos a nuestro conocimiento e imaginación. Ciertos científicos han querido clarificar que se trata de las miodesopsias, y que no se encuentra en el exterior sino en el interior de nuestro ojo. ¡Moscas flotantes lo llaman! Menudo disparate... ¿No es más lógico pensar que, efectivamente, se trata paraísos fantásticos?
Dicen que en uno de esos mundos, allá arriba, hay seres que cuentan con 4 patas, se envuelven con plantas o tienen césped oscuro en sus cabezas.
El chiquillo miraba con los ojos abiertos de par en par a nuestro protagonista, Kyrie, mientras le contabas sus sueños y esperanzas. Sin venir a cuento, el niño estaba subido en su cabeza preguntándole tantas cosas que no podía organizarlas en su cabeza.
¿Y para qué queremos ir a otros mundos? Que tontos, ¿césped en la cabeza? Teniendo plumas... ¿Pueden volar? ¿Tienen mooters? ¿Para que envolverse en plantas?
En lugar de contestarle amablemente, lo cogió del pescuezo y lo bajó a tierra firme.
Imaginate... Que allí no existen las nubes - le contestó Kyrie, tratando de intimidarle - ¡No todo tiene porque ser maravilloso! - continuaba.
¿Maravilloso? ¿Que tiene de maravilloso tener césped en la cabeza? - replicó el chiquillo
¡Oye! Deja ya lo del césped. ¿Nunca has cruzado una nube mientras volvías a casa de las lecciones prácticas?
Al chiquillo le brillaban los ojos
¡No! Siempre vamos en el mooter, ¡Se está muy a gustito! A mamá le gusta porque así no se cansa
¡Y A MI ME ENCANTA!
Un sonido zumbante se acercaba desde la distancia
¡Mira, ahí viene tu mamá! - Exclamó Kyrie al chaval, mientras lo levantaba en alto - ¡Con su mooter escarlata!
¡El mooter de mamá no es de lata! - contestó el chiquillo
Pronto había aparcado el vehículo rojizo, con sus dos grandes alas orgánicas. Contaba con una grandísima y ovalada luna ahumada que evitaba que vieran el interior del transporte. Del mooter saltó una bella mujer, con una mirada afilada que aguardaba tras de sí un fondo tierno. Era Vori, amiga de la infancia de Kyrie.
Éste dio dos golpecitos en la espalda al polluelo para que volviera con su progenitora.
- Muchas gracias por cuidar de mi hijo, Kyrie, ¡Siempre estás en todo!
- Ultimamente no estoy en nada, Vori. Pero gracias a ti por estar siempre ahí ... ¡Oye! ¿Quieres ver mi nuevo invento?
- Claro - Vori sonrió con dulzura; Sabía que a Kyrie le encantaba ingeniar trastos y cachivaches. Sabía que siempre que lo visitara, la sorprendería con un nuevo ingenio.
Tan rápido como desapareció en la oscuridad de su destartalado hogar, volvió con, efectivamente, un trasto entre sus manos.
Pero era un trasto hermoso. Contenía la belleza de aquellos objetos que entrañan un sentido y que los hacía tan únicos como funcionales.
Sin embargo, Vori no sabía que carajo hacía ese huevo con patas.
Kyrie, con los ojos tan abiertos como los del hijo de Vori, y una sonrisa de oreja a oreja, preguntaba inquieto si quería saber qué hacía su nuevo aparato.
Esto la asustó; La última vez que estaba tan alegre con un objeto, se obsesionó tanto que se alejó de su familia y amigos. A pesar de esto, Vori asintió.
Pues verás - comenzó su monologo- supongo que te habrás fijado en su preciosa forma ovalada, libre de aristas. ¡Qué belleza y exuberancia! - En cambio, a Vori le aburrían en sobre manera las explicaciones de su amigo - este objeto, turquesa y con patitas, sirve para sentarte en él y viajar por todo el mundo. Tiene una autonomía prácticamente infinita, porque funciona con el calor... ¡Con nuestro calor corporal basta!
Sin dudarlo un momento, Vori ya se había sentado en el aparato.
Kyrie la miró, pensó. Dudó de lo que viera fuera cierto, pero efectivamente lo era.
Antes de poder mediar palabra, Vori había desaparecido montada en el grandísimo huevo con patas, cayendo al vacío, en completo silencio.
Un paso, dos, tres y un salto. Kyrie desplegó sus alas y se lanzó en picado. Porque si algo tiene Kyrie, es el amor por las alturas. Y vivir en las nubes, literalmente, es algo que le apasionaba. Claro, que tenía sus inconvenientes, como perder a sus mejores amigos por culpa de sus disparatados objetos.
Mientras caía en picado a rescatar a Vori, no solo no estaba nervioso, sino que además no podía evitar pensar en lo injusto que era tener que moverse por si mismo. Sobretodo, si tenía en consideración a sus familiares y conocidos, siempre motorizados, cómodos y rápidos. Nunca llegaban tarde, ni sudados, ni hechos un autentico desastre. Claro, ellos tenían dinero y el dominio de esos vehículos.
¡Pero claro! Si él estuviera acostumbrado como el resto del mundo a no moverse, ¡No podría salvarla como la acababa de salvar! Había algo que le irritaba; Vori, como el resto del mundo, tenía alas, pero por comodidad, habia dejado totalmente descuidadas sus facultades naturales.
¡¿PERO QUÉ CLASE DE MIERDAS CREAS!? ¿¡ESTÁS LOCO!? - Vori, desesperada, zarandeaba a su amigo que la subía de vuelta a casa mientras estaba completamente absorto en sus pensamientos.
¡UF! ¡De verdad! ¡Es la ultima vez que me subo en un huevo gigante con patas! Pero es que era tan comodo... ¡Eh! Kyrie, ¿Estás ahí?
Mamá, creo que no se entera ...
Bah, ¡Nos vemos, pájaro loco! Di adiós a tu tío, Nels - Que así es como se llamaba el chiquillo -
Kyrie se giró, pero para cuando se quiso dar cuenta, sus invitados desaparecieron en el ocaso. Había estado demasiado ocupado pensando en como Frida se enfrentaba al dragón de su imaginación.
Agarrado a los bolsillos de su mono de trabajo, el joven contemplaba el crepúsculo, teñido de naranja bajo un cielo azul intenso, mientras pensaba en su empanamiento. Pronto se sentó en la nube sobre la que vivía y, más pronto aún, concibió una nueva idea: El reloj.
¡Claro! - Pensaba él - Si pudiera crear algo que midiera continuamente el movimiento del sol ... ¡Podría saber cuando he desconectado de este mundo y he visitado otros!
Enseguida cogió sus pinceles de creación y se lanzó al vacío, cruzando los verdes fiordos de Teleria, ante la absorta mirada de sus gentes, quienes lo veían como un bicho raro, apodado muy correctamente "El que vive en las nubes".
Pero ellos no sabían que consigo traería la nueva revolución a su mundo; Conocer el tiempo iba a suponer un cambio demasiado brusco para la sociedad. Pero esto era algo que Kyrie ignoraba.
God, I hate this garage.
Hace 10 años
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