El vacío

sábado, 31 de agosto de 2013
Desde el más alto de los cráteres, observaban pacientemente el viaje de una mota de polvo interestelar en un pequeño campo de acción.

Las caricias estelares mecían con extrema suavidad la trayectoria de nuestra mota protagonista, unas veces arremolinandose, otras veces expandiendose, en una peculiar y tierna danza propia de las amebas, las medusas, y otros animales de indole más vivo que una mota de polvo.

Muy, muy, muy de cuando en cuando, contactaba con otro objeto espacial; frecuentemente, rocas, ocasionalmente, gases, raramente ... luces.

Allí, en lo alto del pedrusco lunar se encontraban tres astronautas abandonados a la malisima suerte del vacío: dos hombres y una mujer ... o un hombre y dos mujeres... o cualquiera que sea la variante de la que se traten, eran humanos a la espera de la muerte contemplando una mota de polvo.

- ¿Os creéis lo que estamos viendo? - Decía uno

- ¿Te crees que te estoy escuchando desde la escafandra? - Decía otra

- ¿Os creéis que entiendo vuestro lenguaje de signos? - Contestó un ultimo ser,  de la misma forma que hablaban los otros dos; con signos corporales.

- Si, creo en vosotros.

- ¿¡Quién ha dicho eso!? - Exclamó quién no creía lo que veía

- ¿¡Y tu qué crees!? - Contestó la misma escéptica que no creía lo que escuchaba.

- Ha sido la mota de polvo, ¿No? - Se atrevió a afirmar el ser que nos recuerda que hablan con lenguaje de signos.

- ... No, no ha sido la mota de polvo. Soy yo, la locura...

- ¡Mentira! ¡Eres la mota de polvo! - Exclamaron los 3 al unisono

- Si, bueno, no importa quien sea, estoy aquí por un motivo.

La mota de polvo, que sabía mucho más que nadie, pues se trataba de Dios, pudo ver el rostro de decepción en los 3 desafortunados naufragos interestelares.

- Según mi indice de oxigeno disponible, tenemos menos de 3 minutos de vida - Auguró uno.

- ¿Acaso importan los motivos? - Exclamó otro

- ¡¡Estamos histéricos!! - ¡Gritaron histéricos con gestos!

- ¡VAMOS A PALMAR!  - Exclamó Dios

- ¿Cómo? ¿Vienes para decirnos que tu también vas a morir?

- Sí, los 4 aquí presentes.

- ¿Pero el polvo muere? Para empezar, ¿Estás vivo? - Preguntó un astronauta a sabiendas de lo futil de su cuestión a escasos minutos de su propia muerte

- Técnicamente, no soy solo polvo. Aún no os lo he dicho, aunque sois los últimos en enteraros por aquí: Soy Dios.

- ¡Dios existe! - Todos los seres humanos, y no humanos, allí presentes, saltaron de alegria y jolglorio, lloraron de alegría y se abrazaron: No tenían por qué temer a la muerte: Dios estaba allí.

Pero alguien, que había escuchado a Dios atentamente, preguntó:

- Pero entonces, ¿Te vas a morir?

Calmados, anestesiados, relajados ante una idea colchón como la salvación, se ataron a la mota de polvo con el máximo desespero para vivir más.

La mota de polvo, que en el fondo no sabía lo que hacia pues no sabía nada en absoluto, dictaminó una exigencia para sus siervos:

- Solo uno será el elegido para trascender la realidad y volver de entre los muertos.

Se lanzaron los unos a los otros, aullando, mordiendo, rasgando, cabeceando, placando ... Hasta que al fín, Dos murieron.

Solo un astronauta quedaba con vida, flotando en la nueva gravedad de la Luna, rodeado de la sangre de sus hermanos y con el traje intacto. Encogido en su dolor, se dejó llevar en el río de emociones y dolores.

La mota de polvo que se hacía llamar Dios a si misma, se acercó a el y le preguntó:

- ¿Cuanto oxigeno te queda?

- ... Un 2%

- ¿Sabes que hace rato debiste morir?

- ¿Sí?

- Eres consciente de que ya no tienes oxigeno y has acabado con tus dos compañeros. Eres consciente.

- He acabado con ellos...

- No, ellos se han matado mutuamente.

- Pero yo les golpeé.

El astronauta, tendido en el espacio, levantó la mirada y observó el paisaje espacial: Le quedaba poco tiempo de vida. El brillo del sol golpeaba el casco e iluminaba el suelo lunar con tonos carmesí.

Entre la escafanda y el espacio solo había una barrera de cristal que los separaba. Miró hacia la Tierra.
Rompió a llorar. Tenía la boca seca, la mirada perdida, el alma cansada.

Estaba harto de ver ese precioso paisaje que auguraba el final de su vida. Sabía que estaba en el borde de un acantilado, a un paso de su destino final. Pero eso ya no importaba.

El oxigeno faltaba, se ahogaba, se ahogaba, se ahogaba.

- Dios, ¿Existes? ¿O me he vuelto completamente loco? ¿Todo se va a acabar? ¡¡Contestame como me has contestado hasta ahora!!

El silencio sideral golpeó con brusquedad

- Hasta ahora, ¿Todo ha sido una quimera? ¿Estaba hablando conmigo mismo? ¿Mis compañeros también le escucharon? ¿O les maté en un momento de ceguera?

La sangre se coagulaba en la nada, el tiempo se solidificaba, todo se enfriaba.

- ¿Así he acabado? ¿Solo, perdido en la Luna? ¿Todo lo que sé, mi vida, mis seres queridos, mis objetos, mis pensamientos, mis secretos... ? ¿Voy a desaparecer?

...

- Quizás habrá que hacer un salto de fé ... Quién sabe ... Quizás... Aún no haya acabado todo...

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