Hordas de extraños encantamientos se arremolinaban en el fondo de una llanura, a vistas de las lomas circundantes en el paradisiaco paisaje austriaco, ¿Voces? ¿Pasos?
Miradas provenientes de cualquier lugar por seres que no son seres, oídos que no quieren escuchar el sonido del misterio.
De la nada más matérica, unas pequeñas huellas bañan de rocío el aterciopelado césped que circundaba a lo extraño.
Un resquebrajamiento, un crujir, una llamarada de tensos sonidos surge de las fauces de la tierra con el poder de mil bestias y mil sufrimientos.
En un instante, todo vuelve a la normalidad a la que los paisajes austriacos están acostumbrados. Salvo por un detalle de escamoso origen: Un pozo construido con la materia de la abstracción había aparecido súbitamente. Frente a el, una niña.
La tensión sensorial aparecía como un golpe seco, dejando paso a la calma propia de los bosques más frondosos, pero el misterio de los lugares más abandonados.
Un paso, dos pasos, y un salto.
La niña entra en el pozo.
El silencio se hace patente, pero ya no hay nadie que lo pueda sentir. Tan solo las horas, que durante mucho tiempo siguieron pasando expectantes a algún cambio en el espacio.
Y vaya si cambió: Todo aquello que en su momento estaba vivo, días más tarde ya había dejado de estarlo.
Las lomas del llano se habían desplazado de lugar como si de olas del lejano mar se tratasen;
Pero la niña no volvió. Tanto tiempo pasó sin novedad sobre la chiquilla, que los días dejaron de existir para dar paso a la noche.
Sin embargo, en la más oscura noche, de entre las oscuridades más profundas emergió una mano que tiró con fuerza de la realidad y la golpeó con tanta valentía que la resquebrajó en mil pedazos; El pozo cambió su oscura profundidad por la más cristalina de las aguas, y a la niña por una mujer sin semblante ni rostro. Sin embargo, esto duró apenas unos instantes.
Ante su mirada atónita, no podía comprender qué había pasado; Su hogar y sus compañeros de vida habían desaparecido para dar lugar a un yermo desolado.
Volvió sus ojos ante el agua cristalina de la que había emergido, pero allí ya no estaba.
Vagó y vagó, miró sin mirar, escuchó con el tacto y observó con el oído, pero nada encontró en aquella niebla de negrura insondable; Solo sus pasos le mostraban el suelo que tocaba, pero eso de poco le servía.
Definitivamente, decidió sentarse sobre el yermo, cansada de caminar sin rumbo ni sentido.
Pronto, la espesura comenzó a diluirse en un conjunto de colores que parecían preguntar a la mujer con gran entusiasmo cual era su objetivo.
Pero la mujer no lo comprendía pues no tenía más ojos que los del alma para comprender aquello que le rodeaba; Y con ellos, no podía entender el lenguaje de los colores.
No dejaba de repetirse para sus adentros maldiciones y pesares, que la desconsolaban y agobiaban.
¿Por qué había acudido a la cita con la vida, que en el fondo del pozo le esperaba?
God, I hate this garage.
Hace 10 años
0 comentarios:
Publicar un comentario