Las particulas del miedo obnubilaban mi pensamiento, ¿Obnubilaban? Cegaban y confundian. A altas temperaturas, mi cerebro deliraba. Mi mirada, perdida en ese par de ojos dulces que insistentemente miraban a través de mi alma... Digo, en mi mirada se vislumbraba los ojos oscuros de la nada devoradora de almas.
De pronto, y sin esperarselo el escritor, un rayo atronó con la fuerza de mil bestias contra la corteza del vecino Grumphy.
El señor Robert Grumphy, quien es posible que te estés preguntando quién es, se trata de un señor regordete y bajito, aderezado con su pequeño bigotito bajo su pequeña naricilla, que vivía muy ensimismado en sus quehaceres cotidianos, trabajando como relojero.
Y digo que vivía así porque ya no le es posible. Pero luego llegaremos a ello.
Era alguien realmente normal, un hombre muy relajado y apacible cuya mirada demostraba un impaciente encuentro con el conocimiento y la vida, que tiempo atrás, le habían dejado de lado.
A todo esto, un día mi vecino Grumphy vino por primera vez a saludarme a mi casa. Tras un pequeño, escueto e incomodo saludo en el portal, entró en casa. De un vistazo pude darme cuenta que no venía acompañado, por lo que probablemente estuviera soltero.
Sin pesar ni ánimo alguno, me habló de su más absoluta afición por los tornillos ... Me describió la filosofía del tornillo, de la constancia, de la insistencia ... No pude escucharle con demasiada atención, hacía tiempo que perdí mis propias riendas, que dejé de preguntarme quién era o qué estaba haciendo con mi vida. La filosofía dejó de llamarme la atención hace algún tiempo. Me di cuenta que conocerme a mi mismo o no hacerlo iba a acabar con un resultado parecido, asi que como buen vago, lo dejé de lado. No os alarmeis, pienso que, bueno, es posible que no fuera una buena elección, pero ya no puedo desandar lo andado, como buen vago, lo hecho hecho está.
En fin, mientras el hombrecillo hablaba, me levanté a por mis pantalones, caí en la cuenta que quizás no le pareciera presentable verme en calzoncillos. Cuando volví, el ya no estaba. En su lugar, había una mujer, exactamente igual que el. Pero con tupé.
Intenté poner en orden mis pensamientos y me fue imposible, necesitaba volver al dormitorio con urgencia.
¿Le sentaría mal que me fuera mientras hablaba? No, claro, ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Y por qué razón él iba a trasvestirse? Enojado, volví al salón y me quedé mirando a la mujer fijamente.
-¿¡Con qué razón entras en mi casa y perviertes mi vista transvistiendote en mi propio salón, maldito degenerado!?
La mujer, quién me seguía resultando él mismo trasvestido, se trataba de su esposa.
Resultaba que venía de la peluquería y por eso había tardado un poco más. Pensaba disculparse por llegar tarde, pero ahora exigía mis disculpas ... ¡Habrase visto!
Justo en ese instante, Robert Grumphy con su elegante acento ingles y sus patosas formas de andar irrumpia suavemente en el salón
- ¿Qué está sucediendo aquí, Mathilda?
Les tuve que pedir por favor que se fueran, claro, yo no estaba de ánimo para soportar un desfile de ewoks parlanchines. Acababa de dejarlo con mi actual exnovia. Y no podía soportarlo.
Los ví alejarse con mirada triste desde el visillo, pero no podía tener remordimientos. Me parecía inmoral.
En ese mismo momento tuve un instante de lucidez y pude ver con claridad que el señor Grumphy era como un gran armadillo, siempre protegido en si mismo, pero no como una tortuga, el era flexible y calmo. Pasé mucho tiempo planteandome como sería el señor Grumphy sin su corteza, caparazón o armadura. Como un mero juego mental, nada más.
Ahora, frente a mi, en el fín de mis días a lomos de un grandisimo barco pirata que zarandea con cada corriente de viento en incesante movimiento a lo largo y ancho del peligroso espacio aereo tormentoso, puedo ver, sin apenas vista o conciencia, al señor Grumphy teniendo una idea que le obligará, como un rayo, a deshacerse de su corteza. Ha costado poder satisfacer esa curiosidad.
Saltaba de alegría y sonreía como un chiquillo. Maldije que el resto de piratas estuvieran fuera de conocimiento y que la única que quedara con vida fuera mi antigua exnovia apretando mi cuello con un brazo biónico a 1000 newtons de potencia, amenazandome de muerte con una mirada dulce que me atravesaba el alma. Segundos más tarde, sin oxigeno ni ganas de vivir, perdí instantaneamente la conciencia.
Recuerdo a ese hombrecillo corriendo con las pocas fuerzas que tenía, lanzandose contra el brazo de la mujer robot. Un zarandeo, dos zarandeos... Y virutas de metal. Esa mirada dulce desapareció de su cara, el armadillo se había convertido en una feria de fuerza constante contra los tornillos del brazo y yo había recuperado el oxigeno. Tan rapido como pude, me aparté de ella.
Mariie, quien tiempo atrás fue mi ex novia, recuperaba su aliento tras el shock. Dedicada de toda la vida al hurto y a la aventura, me sedujo en el ir y venir de la suerte. Su cabello y sus labios eran calidos como el atardecer de un día de verano, mientras sus ojos eran fríos como el río en invierno, aunque en lo mas hondo de su mirada se percibia la ternura del cariño de una madre. Solo con percibir su gesto podías ver a alguien inteligente y carismatica que te ayudaría y traicionaría a partes iguales.
Fue ella quién me enseñó una cara de la vida que quizás Robert Grumphy nunca conocerá.
Por otro lado, estaba yo que recuperaba el aliento tras el estrangulamiento, recordando por qué razón lo dejaríamos, por qué nunca volvería a cabalgar los cielos junto a ella saltando de nube en nube en busca de nuevas aventuras. Nunca fue todo tan mal como para que ella intentara matarme con su nuevo brazo robot y su increible banda de piratas, ahora inconscientes y abocados a una muerte segura junto al inmenso buque pirata.
Allí estabamos, junto a las llamas, las cenizas, la lluvia, las lagrimas que no se ven, la muerte de alguien inocente, de una relación que no quiso nacer y ahora no quiere morir. Sin camisa ni casaca, ni pistola ni machete, acabé acercandome a ella.
Grumphy chillaba con todas sus fuerzas, me gritaba que escapara con él a una nueva vida... De verdad me hubiera gustado hacerle caso. Por primera vez, Grumphy tenía ganas de vivir. Y acababa de perder, por mi culpa, todo lo que había tenido hasta el momento. Por volver a estar con Mariee, el lo arriesgó todo.
Pero frente a mi se encontraba la mujer causante de todas mis desgracias desde que la conozco, la única capaz de hacerme realmente feliz y sentirme pleno.
Fue por ella que dejé de sentir quien soy, fue por ella que olvidé lo que hacía y fue por ella por quién dejé la filosofía que tanto me atraía. Me negué a mi mismo intentando convencerme de que no la quería.
Quizás, tiempo atrás, Grumphy se habría convertido en un gran amigo mio con el que habría compartido interesantes formas de ver la vida.
Pero eso nunca sucederá porque ella cambió mi vida. Y yo en mi fuero más interno quería volver a estar con ella.
En su mirada cansada percibia cierto entusiasmo en volver a surcar los cielos y los valles con nuestro pequeño bote en busca de nuevas aventuras. En su mano tendida veía una nueva oportunidad de vivir felices juntos.
Con gusto la estreché y la abracé a Mariie con ternura, no sin un gran desconsuelo.
Ella solo podía llorar, igual que yo. Sin lagrimas, sin expresion, con el alma. No había vuelta atrás.
Apenas 4 segundos quedaban para fundirnos contra el pequeño pueblecito de La Cañada cuando Mariie me elevó con fuerza al ultimo bote de salvamento libre. Tras de mi, una pelotilla de carne de nombre inglés me acompañaba. Pero ella no estaba conmigo. Había decidido despedirse para siempre y devolverme la vida que tiempo atrás ella me arrebató.
God, I hate this garage.
Hace 10 años
Un principio pesado en el que parece incluso que haya humanos disueltos en el aire. Luego un desarrollo fresco y divertido con el señor armadillo y esposa, y luego, todo se torna en un torbellino extraño de piratas y cíborgs.
No termino de ver claro donde encaja todo eso con dudas existenciales y antiguos enamoramientos, ni hasta que punto hay algo de cierto en esa maraña de navajas arrugadas, pero me ha gustado. Ha cambiado tu forma de escribir.
Un poco...