Un merecido descanso - 2 -

lunes, 26 de diciembre de 2011
La verde montaña aun se encuentra en su más pleno despertar, los pájaros comienzan a píar y la luz a filtrarse entre las ramas de los arboles. Es prioritario ir a Espinaredo.

Mi mente se mantiene en blanco, hace demasiado frío. No puedo pensar, me siento estupido

¿Para qué habré salido a estas horas a reflexionar si con el frio que hace no puedo hacerlo?

A cada paso que doy, más me hielo.

Miro al cielo y veo un cielo claro, de un azúl intenso, cristalino.
Intento centrar mi atención en otras cosas hasta llegar al pueblo más cercano.

Un paso, dos, tres ...

Empiezo a contarlos

... trescientos, cuatrocientos ...

Una lata, dos latas... Montañas de basura. Árboles. Senderos. Casetas. Perros. Ladridos. Ancianos. Soy un romantico. Pensamientos romanticos. Recuerdos de aquella chica. Pueblo. Un horno, dos hornos. Olor a pan recien hecho. Hambre. ¿Un croissant, dos? Hambre. ¿Dinero? Dinero.

Suena la campanilla de la puerta, todo el bar me mira. Debe estar el pueblo entero metido aquí. La tensión era fisica y casí podía verse, tocarse y olerse. Me doy cuenta de que soy un extraño, un extranjero.

Un error en el sistema, un bug informatico. Miro al camarero y me acerco a la barra

- Perdone, ¿Podría ponerme un cola cao bien caliente y un par de curasanes?

- ... Serán 3,90

En la televisión emiten un pártido de fútbol, todos los que deberían ser los ancianos del pueblo la miran con gran atención. He debido ser lo más destacable del día de muchos de ellos, ¿Un extraño? Un extranjero, una noticia bomba, todos parecen vivir sumidos en una rutina. En un tempo constante e invariable. Una muerte en vida. Un coñazo.
De pronto me asusto, un anciano me esta mirando. Tiene los ojos muy abiertos, esta a escasos centimetros de mi cara.

- Perdone, ¿Sucede algo? - Extrañado, asustado -

- ¿Quién eres tú?

- ¿Y ústed? ¿Por qué me mira desde tan lejos? Anda, acerquese que no me va a ver

- Joven, responde a mi pregunta.

- ¿Y por qué no me responde usted primero a la mia, caballero? No veo que pueda responderme, de modo que si me permite, esta conversación queda zanjada

- ¡Sucio joven insensato! ¡Anarquico de mierda! ¡Fuera de nuestro pueblo!

Aparece el camarero

- Chico, comete esto y vete de aquí, no eres bienvenido. Son 3'90.

Saco el monedero, le doy un billete de 5. Me bebo el cola cao y me llevo los dos curasanes. Salgo del extraño bar.

Veo mi propio vaho nada más salir, se esfuma rápidamente. ¿Qué pasará en este pueblo? No parece que pueda estar aquí mucho más tiempo... La última vez que vine a Espinaredo, esto era totalmente distinto.

De pronto, aparece ante mi una chica, de mi edad, veintipocos. Está sentada en el porche junto a una anciana, hablando con ella.
Mirandola, cojo un croissant y le pego un bocado. Joder, que bueno.

Es muy guapa, tiene un pelo castaño claro bastante largo y sedoso, unos ojos color ambar muy llamativos y graciosos con una mirada muy viva. Su forma de moverse me hace gracia, me siento encandilado.

Debo haberme quedado mucho rato mirandola pues ella se ha llegado a dar cuenta.
Se encierra en casa. Huye.

Yo me quedo fuera, masticando curasanes.

Lo mismo, si me quedo mucho rato en el mismo sitio, salga.

Veo que se asoma a la ventana, tras media hora en el mismo sitio, a la puerta del bar. Me siento realizado. Me mira, la miro. Vuelve a cerrar las cortinas, yo me quedo en mi sitio.

Pasa otra media hora, ella sale y se me acerca

- Perdona ... ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

- Nada, quería preguntarte una cosa... ¿Me dejarías entrar en tu casa?

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