Adentrandose sigilosamente, llega un aroma fresco pero acogedor que ilumina tenuemente la empolvada mesa, el flexo oxidado, la vieja pluma, el manuscrito sin acabar, la silla apolillada, la confortable cama, la joven dormida.
Y esa joven dormida, que sumida en su sueño esta, escucha en la lejanía retazos de realidad que se introducen en su fantasía; Las inocentes aves de la mañana, los gorriones, comienzan su alegre cantar.
Algunas de estas pequeñas y emplumadas aves comienzan por primera vez su temprano vuelo.
Otras, sin embargo, lo emprenden en búsqueda de alimento para que algún dia las mas pequeñas puedan hacer lo mismo.
Así, como los gorriones, multitud de seres vivos comienzan sus labores a tempranas horas de la mañana. El ser humano incluido.
Muchos padres despiertan a sus hijos para que vayan a la escuela y allí puedan aprender lo suficiente para acceder a un buen trabajo que les sustente.
Algún dia, estos hijos serán padres que haran lo mismo para seguir adelante y sobrevivir, en un gran lazo que une a todas las personas. Y a todos los seres vivos.
Este lazo, mientras haya vida, seguirá firme a la Tierra, el hogar de la vida, que siguiendo su transcurso rotatorio natural, permite que haya noche y dia, mañana y tarde, vida y muerte en equilibrio. Que exista un lazo que nos una a todos.
Y este lazo, invisible, pequeño, pero existente, llega a todos, pasando por la empolvada mesa, el flexo oxidado, la vieja pluma, el manuscrito sin acabar, la silla apolillada, la confortable cama, hasta llegar a la joven dormida.
Esta joven, que ajena al mundo esta, es traída de vuelta por un traicionero haz de luz, obligandola a cogerse del lazo.
La joven, perezosa, se levanta...
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