... Vivía un curioso hombre ...

viernes, 1 de octubre de 2010
... El árido aroma del cálido desierto, mezclado con el suave olor de la gasolina me despertaba de mi larga y comodona siesta a la puerta de mi antigua y entrañable gasolinera.

Dejé la hamaca en la que me encontraba, me lavé la cara en un pequeño pozal y salí a observar el horizonte.

Empece a pensar en como tuve que trabajar en aquella cálida gasolinera, lo que tuve que hacer para que mi familia pudiera seguir viviendo con tranquilidad...

El dia en el que deje nuestro pueblo, nuestra verdadera casa en Nordlingen


Suspiré profundamente, me tomé mi café de las 4 pm

Y volví a mi relajante hamaca.

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